La docencia como profesión (César Guadalupe) www.elperuano.com.pe


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A l celebrar el Día del Maestro es propicio recordar, por una parte, que ningún sistema educativo puede ser mejor que sus docentes y, por otra, que estos son los agentes clave que hacen que cualquier política nacional se concrete en las aulas. Así, ninguna propuesta de cambio del sistema educativo será efectiva sin el concurso de los docentes: Con cierta conciencia acerca de lo anterior, las políticas públicas han afirmado la necesidad de "dignificar" la carrera (como se decía en las décadas de 1970 y 1980) y de "revalorarla" (según la forma más reciente). Sin embargo, ambos planteamientos se enfocan en afirmar una situación de carencia y no afirman en qué consistiría su superación.

Así, cabe definir qué significa o debe significar "dignificar" o "revalorar". Más allá de los aspectos salariales, es clave afirmar el carácter profesional de la docencia, del que depende no solo su calidad, sino también el reconocimiento social del maestro.

Una profesión está caracterizada por tres elementos centrales: descansa en un saber experto; se practica de modo colegiado; y requiere del juicio profesional autónomo de quienes la ejercen. Es claro que tenemos dificultades, por distintas circunstancias, en los tres ámbitos.

La formación profesional de los docentes peruanos (como sucede en otros campos) no se ha caracterizado por su rigurosidad y calidad académica. La educación superior en el Perú, salvo excepciones, no goza de buena salud y esto afecta la formación profesional de las personas.

La tendencia a la atomización de los servicios (no solo ni principalmente en las zonas rurales) y la transformación de la docencia en una ocupación de tiempo parcial hacen extremadamente difícil que los docentes operen de modo diario como colectivos profesionales.

Por último, contamos con una organización centralizada que otorga al Ministerio de Educación un rol que va más allá de la rectoría y le permite conducir "intervenciones" respecto de las cuales los docentes son vistos como operadores. Esta tendencia a fortalecer el rol prescriptivo del ministerio atenta contra la posibilidad de desarrollar el juicio profesional autónomo; asimismo, va a contracorriente de cualquier esquema moderno de gestión que reconoce que los sujetos que componen el sistema son agentes del mismo y no "piezas" de una maquinaria. Así, el ministerio debe ser menos prescriptivo y enfocarse en habilitar a los agentes para que estos desarrollen su labor de la mejor manera.

Afirmar el carácter profesional de la docencia pasa, entonces, por una transformación profunda de la formación profesional docente y de la gestión del sistema para propiciar la operación en colegiados y la existencia de espacios de autonomía profesional. Las "reformas" conducidas en las últimas décadas han descuidado, justamente, estos elementos. Por ello, requerimos pensar en esquemas de transformación que subrayen la necesidad de asegurar el carácter profesional de la docencia.

César Guadalupe
Presidente del Consejo Nacional de Educación





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