Los niños no son números ni datos estadísticos que se agrupan, comparan y rankean como si fueran objetos desprovistos de particularidades y contextos (León Trahtemberg)



Los niños no son números ni datos estadísticos que se agrupan, comparan y rankean como si fueran objetos desprovistos de particularidades y contextos (León Trahtemberg)

MEDIR, MEDIR, MEDIR, EL LEITMOTIV DE LOS ECONOMISTAS DEDICADOS A EDUCACIÓN DEL BANCO MUNDIAL: Qué difícil resulta lograr que los economistas del BM que se dedican a elaborar y publicar análisis educativos entienden que los niños no son números ni datos estadísticos que se pueden agrupar, comparar y rankear como si fueran objetos desprovistos de particularidades y contextos que los hacen únicos y por tanto diferentes unos de otros.
En el documento "Aprender; para hacer realidad la promesa de la educación" (BM, 2018) este banco desarrolla la tesis de que para que la escolarización equivalga a los aprendizajes esperados para el grado, hay que medir esos aprendizajes, usando pruebas estandarizadas principalmente de matemáticas y comunicación, porque de su logro se deduce si el egresado escolar será capaz de desempeñarse como ciudadano productivo. Para ello apelan a las pruebas nacionales (tipo ECE) y las internacionales, especialmente TIMSS y PISA

Esas fotografías de resultado son usadas para calificar los aprendizajes de los alumnos, comparar unos a otros independientemente del contexto personal, familiar, nacional, social, cultural, tecnológico en el que se tomen (aunque ellos sostienen que las pruebas están diseñadas para ser independientes de todos esos factores de contexto).

Me pregunto: conclusiones como que los ricos rinden mejor que los pobres, o que los más vulnerables no lo hacen bien en esas pruebas, o que los estudiantes de Asia y la OECD rinden mejor en esas pruebas (pensadas para ellos) que los de África y Latinomérica, ¿aporta algo para mejorar la educación de cada país? Sacralizar esas pruebas ¿aporta o es tóxico y alienante al desarrollo educativo de cada uno de los países en sus respectivos contextos? Rendir menos que los europeos en esas pruebas de matemáticas o lectura, ¿los condena a ser ciudadanos discapacitados?

Cuando nos quejamos de los políticos y autoridades por ser corruptos, ineficientes, ineptos, incapaces de conciliar y crear consensos en aras del bien común, administradores de un estado trabado y retrógrado sin que tengan la visión y coraje para hacer cambios estructurales decisivos ¿nos referimos a que esas personas no tienen conocimientos de matemáticas y lectura?

Qué pasaría si se tomasen pruebas inquiriendo saberes del tipo ¿cómo bajarías la inflamación de la garganta, te proveerías de agua y alimentos en un ambiente desértico o boscoso, frenarías una diarrea, atendería una mordedura de un animal venenoso, reciclarías materiales de desecho para resolver problemas domésticos? ¿Cómo cambiaría ese ranking con preguntas de ese tipo? Y si preguntáramos quién sobreviviría mejor a un desastre natural, desconectados de los servicios de una urbe moderna, ¿los nativos pobladores de zonas menos desarrolladas o los hijos de burgueses urbanos?
Qué pasaría si hubiera pruebas capaces de medir la autonomía, creatividad funcional, capacidad de innovar y resolver problemas nunca antes vistos, responsabilidad social, imaginación, capacidad de intervenir y ayudar a resolver conflictos interpersonales, tener un sentido de propósito en la vida, capacidad ética para enfrentar dilemas,... ¿se obtendrían los mismos resultados y rankings que con las pruebas de Matemáticas y Lectura? ¿Cuál de esos factores es más decisivo en la formación y desempeño de un ciudadano democrático?

Cuando la buena educación quiere reducirse al desempeño colectivo de los alumnos de cierta edad con determinadas preguntas de matemáticas y lectura, usando pruebas arbitrarias con formatos arbitrarios y preguntas antojadizas generalmente distantes de las experiencias de la cotidianeidad, (aunque cómodas para ser corregidas usando software informático), se puede cometer el enorme error de pensar que la escolaridad produce resultados vacíos y que los estudiantes no están aprendiendo nada. Sabiendo además que no hay forma de predecir cómo será la sociedad en 10 ó 20 años y cuál será el desempeño futuro integral requerido de los niños y jóvenes que están hoy en edad escolar para adecuarse a las realidades de su tiempo.

No quiero quitar valor a los aportes que pueden obtenerse de la disciplina económica para analizar ciertos aspectos de la vida y tendencias que puedan medirse o evaluarse haciendo uso de sus herramientas conceptuales. Tampoco a los saberes que proceden de la sociología, medicina, psicología, historia, etc.

Lo que objeto es que esos instrumentos de la economía y otras disciplinas pretendan sustituir a los de la pedagogía al definir la visión y acciones que la buena educación requiere de los estados.




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