Ser maestro en el Perú (Alfredo Aguilar Medina) www.exitosanoticias.pe


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Maestros de día y bohemios de noche. Nos fastidia la mala imagen del sindicato. Con o sin argumentos pasamos con facilidad del discurso sublime a la difamación más cruel: Mañana como es costumbre cada 6 de julio, las instituciones y personas que representan al poder político se ufanarán en elogios, sesiones solemnes, desfiles, etc., dizque para "santificar" por un día a los nobles maestros para salir en las fotos y satanizarlos el resto del año, ¡qué ironía!

El Minedu y sus apéndices, las Gerencias de Educación y Ugeles, harán una tregua en los descuentos por la fallida huelga y se lanzarán en homenajes maratónicos, utilizando incluso a los alumnos para "demostrar su regocijo", por una profesión que cada día se devalúa más, colocando en el debate si debemos seguir pensando en los profesionales de la educación o simplemente en los que se ocupan en la enseñanza.

En las escuelas por cierto se hará un alto, se cantará, bailará y hasta seguro beberá, suele pasar casi siempre como trillado ritual.

Pero, ¿quiénes son los maestros hoy? Toda comparación siempre resulta desagradable, pero la ocasión obliga a radiografiar al magisterio de hoy, denso e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura en todo, en lo bueno y lo malo, en el amor y el odio, en el júbilo de un triunfo y la amargura de una derrota. Destruimos los paradigmas pedagógicos con la misma pasión que los creamos, somos académicos y autodidactas, rápidos y lentos, trabajadores encarnizados y burócratas empedernidos. Damos cabida en el corazón al rencor político y al olvido histórico. Por la misma causa, somos una casta sentimental en la que prima la emoción sobre la reflexión, la oposición por la oposición, el ímpetu sobre la razón, la desconfianza sobre el calor humano, tenemos un amor casi irracional por el nombramiento, no vacilamos en descalificarnos unos a otros por el solo hecho de discrepar sobre verdades efímeras, olvidando pasar de la protesta a la propuesta.

Tres gremios disputándose la representación es sin duda la imagen más común del divisionismo y la lucha encarnizada por el poder. En cada uno de nosotros cohabitan la justicia y la impunidad, la puntualidad y la ociosidad, el compromiso y la dejadez, somos fanáticos del legalismo, pero llevamos en la otra mano al leguleyo para burlar la ley "porque es legal".

Maestros de día y bohemios de noche. Nos fastidia la mala imagen del sindicato. Con o sin argumentos pasamos con facilidad del discurso sublime a la difamación más cruel. Aún en ese estado es justo reconocer a todos los maestros que a pesar de la adversidad renuevan hoy su vocación. ¡Salud a los maestros del Perú!




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