Perplejidad por falta de un relato nacional (León Trahtemberg)



Perplejidad por falta de un relato nacional (León Trahtemberg)

Una vez más el 28 de julio sirvió para que el presidente de turno, esta vez Martín Vizcarra, repita el libreto presidencial de explicar que el Perú ha tenido que lidiar con condiciones adversas que vienen del pasado y otras causadas por terceros, que le han impedido cumplir sus promesas, y luego un listado de logros, obras y presupuestos invertidos y un nuevo plan de promesas para el año siguiente, igualmente expresado en obras y montos. Un tedioso catálogo que no infla esperanzas de cambio porque no vienen empaquetadas con algunas de las inyecciones que necesita el alma nacional: autocrítica verdadera que denote honestidad, que permita plantear compromisos creíbles y sobre todo, una apasionada convocatoria a los peruanos a realizar un gran sueño nacional, sostenido por un relato que articule todas las capacidades del país puestas al servicio de la prosperidad nacional.

El ingrediente populista de esta ocasión fue el planteamiento del adelanto de las elecciones ("me voy para que nos vayamos todos") para aprovechar la disparada en popularidad para armar una fórmula presidencial al 2020 con Salvador del Solar a la cabeza, sabiendo que sin base en el congreso para promover leyes y evitar interpelaciones, y con un crecimiento económico detenido, el camino al 2021 es cuesta arriba.

Pienso que el contexto del bicentenario no empieza en el año 2021 sino que empezó en el año 2000, terminado el oncenio dictatorial de Alberto Fujimori. Una vez más en nuestra historia, los sucesores de los dictadores terminan enfrentados con sus antecesores, -incapaces de una autocrítica profunda y abierta- y eso ha hecho que desde entonces haya una continua confrontación fujimoristas/no fujimoristas en los procesos electorales y en las relaciones del congreso con el ejecutivo. El clímax fue el divorcio Keiko/PPK con un congreso mayoritario fujimorista resentido, teniendo como telón de fondo Lavajato y el financiamiento ilegal de las campañas electorales.

Vemos que hay 3 presidentes presos, uno suicidado y otro a pocos pasos de la cárcel. La lista de ministros, viceministros, alcaldes, empresarios, congresistas, jueces, fiscales y funcionarios acusados de corrupción es interminable. ¿Habrá magia en el 2021? Así como el 28 de julio de 1821 de independencia solo tiene el nombre, derivado de un gesto emblemático de San Martín, el 28 de julio del 2021 también lo tendrá. No es una fecha productora de realidades distintas a la de antes y después. Es una fotografía de un día anecdótico en medio de procesos no terminados.

Pero lo que sí tenían San Martín y sus allegados era un sueño para el Perú, que fue lo que comunicaron ese 28 de julio de 1821. La pregunta que cae por su peso es ¿cuál es el sueño del Perú de hoy con vistas a su futuro, que podamos comunicar a las generaciones jóvenes peruanas que necesitan un norte que les de guía y seguridad?

El politicólogo Ignazio de Ferrari habla de la necesidad de construir una nueva narrativa del país que se quiere, que permita visualizar nuestros sueños y aporte el camino a seguir, porque de lo contrario la población que está en búsqueda de camino nuevo de una democracia sin corrupción seguirá apostando por populismos coyunturales de cualquier signo e índole, como está ocurriendo en el Perú desde el fin del velasquismo y también ocurre hoy en otros lares. ("Reformas políticas deben centrarse en minimizar los riesgos del autoritarismo", El Comercio, 02/06/2019)

Ese relato nacional no puede consistir en promesas que ya son huecas en el Perú como la de "luchar contra la corrupción" o "procurar el bienestar de los pobres" que hace tiempo se vaciaron de contenido. Quién sabe si el presidente Vizcarra al asistir a la inauguración de los Juegos Panamericanos de Lima hubiera intentado traducir lo que allí se mostró en un relato sobre nuestra herencia del pasado, nuestra realidad presente y el futuro que se puede avizorar para los peruanos unidos, podría haber narrado un relato inspirador para comunicarlo al país, animando a cada uno a hacer lo suyo para construir esa gran nación soñada.

Lamentablemente no fue así y no lo será el 28 de julio del 2020.

En caso que se haga realidad el adelanto de las elecciones generales, ojalá algún candidato rodeado de un equipo de personas de alto nivel ético y profesional nos sorprenda con un mensaje convocante y articulador, que nos permita creer en un Perú próspero y justo, que sea algo más que un catálogo de promesas, frases hechas y buenas intenciones.




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