Idel, no Ídem (José Ignacio Beteta)


Idel, no Ídem (José Ignacio Beteta)

"La gestión de Marilú Martens venía implementando varias reformas positivas e Idel Vexler felizmente pareciera que caminará el mismo sendero". Bien pegadito al hábito tan humano de convertirnos en generales después de la batalla, se encuentra otro que nos lleva a convertirnos en estrategas antes de ella. Este último, sin embargo, es comprensible cuando existe una preocupación sincera por el uso de los recursos del contribuyente, y más aun cuando se trata de un sector tan sensible como el educativo.

Así, al nuevo ministro de Educación, Idel Vexler, le tocará escuchar innumerables consejos y opiniones, y con la humildad debida sacar lo mejor de ellos para tomar las riendas de un vulnerable ministerio. Tendrá que priorizar batallas, continuar con lo que funciona y renovar lo que se necesite. A continuación, tres ámbitos en los que creo que esta nueva gestión podría mostrar logros concretos.

El primero tiene que ver con las condiciones estructurales en las que enseñan los docentes y aprenden los alumnos. La brecha en infraestructura educativa asciende a casi S/70 mil millones, y al ritmo de inversión actual, la cerraríamos en varias décadas. Eso es inaceptable. Esa brecha no solo se refiere a cemento, sino también a tecnología, equipamiento y materiales para docentes y estudiantes.

Incidir en esto es crucial si se quiere reducir la desigualdad en el acceso y la calidad del servicio educativo estatal. El mismo Vexler ha llamado la atención sobre ello: "No hay revolución ni reforma cuando el tema de la educación intercultural rural bilingüe presenta brechas inmensas respecto de lo urbano", afirmó en mayo del año pasado.

El segundo ámbito implica retomar de inmediato un programa constante y adecuado de capacitación y evaluación docente. Sin embargo, lo que entendemos por "reforma magisterial" debe incluir una nueva política de gestión del recurso humano que, sostenida por el primer ámbito, le brinde al docente las condiciones idóneas para que cumpla su trabajo (y, por lo tanto, le quite argumentos para organizar huelgas y paros de tinte político). Para esto, la gestión de Martens venía implementando varias reformas positivas y Vexler felizmente pareciera que caminará el mismo sendero: "Continuaremos fortaleciendo la meritocracia" fueron sus primeras palabras.

En cuanto al tercer ámbito, el nuevo ministro debería profundizar y acelerar algo que resulta urgente en el actual contexto global: un enfoque educativo intersectorial que articule políticas, estrategias y resultados con otros ministerios. Ello para que nuestros estudiantes, en todos los niveles, salgan preparados para un mercado laboral que cambiará radicalmente, en el que las nuevas tecnologías serán parte nuclear y el choque o aparición de paradigmas éticos cuestionarán sus convicciones más certeras.

Ante estos dilemas tan acuciantes, es evidente que la actual propuesta curricular y la tradicional práctica docente, basada en la lección y la memorización, deben ser puestas en constante debate. Este debe ser interdisciplinario y moderno que recoja experiencias exitosas del sector privado y de otros países, sin perder de vista las características sociales y culturales de los estudiantes.

¿Reforzar el sistema nacional de becas para que ofrezcan un acompañamiento más integral a sus beneficiarios es una prioridad? Sí. ¿El fortalecimiento de la Sunedu y el ajuste de algunas de sus "tuercas" lo es? También. ¿Gestionar e invertir mejor y más en las universidades públicas es clave? De todas formas.

Pero queda claro que para lograr algo significativo en todos estos puntos, el nuevo ministro requerirá muchas habilidades de gestión. Y si bien es cierto, su mirada de maestro y pedagogo es una fortaleza, esta puede convertirse en una peligrosa tara si no se apoya en un fuerte componente de diseño innovador, monitoreo y evaluación de indicadores concretos y visibles, algo para lo cual los actuales economistas y gestores del ministerio podrían serle de mucho valor. No se le pide ser o hacer lo mismo que Martens o Saavedra, pero sí renovación en continuidad, poniendo al alumno (a nuestros hijos) primero.




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